«Que cada alumno sea capaz de ser crítico y poner en práctica sus valores ante una decisión de su vida».

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Cómo vemos el mundo. Clausura a cargo de dos alumnas de bachillerato

Eva Arnall, estudiante que acaba de finalizar el bachillerato en el Instituto Cendrassos de Figueres, y Júlia Callejón, estudiante de bachillerato de la Escuela Virolai de Barcelona, comparten con los docentes que asisten a la jornada «Cómo educar el talento emprendedor» sus reflexiones sobre los retos del sistema educativo desde el punto de vista de los jóvenes:

«Vivimos en un mundo cambiante y diverso. Como se suele decir: ¡hay de todo, como en botica!».

«Podríamos definir nuestro mundo como global, desigual, pero también un mundo en constante cambio e innovación. Por eso creemos que nuestro mundo necesita personas innovadoras, emprendedoras, competentes, y capaces de adaptarse rápidamente a cualquiera de los cambios que puedan llegar».

«Vivimos también en un mundo exigente. Cada vez tienes que estar más preparado para conseguir un puesto de trabajo. Y preparado no solo académicamente, sino en muchos otros aspectos».

«Y todo eso, ¿quién nos los enseña? ¿Quién nos enseña a ser personas emprendedoras, a ser personas abiertas al cambio constante?».

«¿Cómo nos tendrían que preparar para la realidad que nos espera fuera de las aulas?».

«Ante tantas preguntas e inseguridades, pensamos que debemos preguntarnos qué puede hacer la educación para que nosotros, los jóvenes, podamos escoger nuestro propio camino».

«¿Qué papel desempeña la educación en todo esto? ¿Está realmente a la altura? ¿O más bien va a remolque de todo? ¿Qué debería hacer para dar respuesta a nuestros anhelos e inquietudes?

«Todos sabemos que lo más importante es tener una buena base educativa. I, además de nuestras familias, los estudiantes necesitamos buenos maestros y profesores, ya que formáis parte de nuestras vidas. La mayoría sois una referencia».

 «Es necesario que penséis que realmente sois importantes porque dejáis huella en vuestros alumnos. Los alumnos, durante algunas épocas de nuestra vida, pasamos más tiempo en el colegio o en el instituto que en casa, con los padres. Por tanto, sois una figura fundamental en nuestras vidas. Tenéis más poder del que pensáis».

«Aquí van algunas ideas y algunos valores que nos gustaría transmitir. Ni que decir tiene que el oficio que uno escoge debería ser totalmente vocacional, y más si pensamos en profesiones vinculadas al mundo de la educación. Cuando preguntamos a nuestros compañeros sobre cuál creían que era la mejor manera de captar la atención de la clase como profesor, muchos de ellos respondieron que lo que debería hacer el docente es tener pasión por lo que enseña. Demostrar que realmente está interesado en emprender, y es que esta jornada de hoy justamente trata de eso: de aprender a emprender».

«¿De qué sirve que una persona domine un tema y una asignatura si después no sabe transmitir sus conocimientos? Los estudiantes preferimos las cosas claras, ordenadas, a fin de poder hacernos un buen esquema mental e interrelacionar las ideas más rápidamente. Captar la atención es primordial».

«Algunos docentes dicen: "¡Hombre, es que me vienen a clase desmotivados y desganados ya de entrada!". Pero este tipo de obstáculo que se os genera es, en buena parte, también responsabilidad vuestra».

«Si vosotros os presentáis en clase pesimistas, cansados, con desgana... ¿qué os pensáis? ¿Que os prestaremos atención? ¡Pues no! Si venís con energía positiva hacéis que el alumnado esté más motivado y con ganas de aprender».

«También es muy importante para nosotros una clase dinámica: a la hora de aprender preferimos más práctica y no tanta teoría. ¡Estamos hartos de teoría!».

«Nos hacen falta más aprendizajes competenciales que nos ayuden a entender el mundo en el que vivimos. Queremos más ejemplos durante las explicaciones de las lecciones que nos permitan palpar más la realidad y entender eso que nos estáis explicando. Pensad que en muchos casos se podría decir que actuamos como robots, ya que lo que nos enseñáis hoy en día es a sacar buena nota, a presionarnos para conseguir la puntuación máxima».

«¿Y eso de qué sirve? De esta manera no aprendemos a gusto, y eso provoca que nos olvidemos de las cosas  más rápidamente. Tenemos un sistema educativo que se empecina en obtener las mejores calificaciones de los estudiantes. No creéis que sería mejor llegar a un aprendizaje competencial, que las explicaciones tuvieran un buen fundamento y que seamos capaces de ser críticos con la sociedad, con el mundo que nos rodea?».

«La mayoría solo sabemos conceptos enrevesados que en la vida real nos servirán de muy poco. Todos nosotros deberíamos tener lo que se conoce como espíritu crítico».

«Otro punto relevante es el hecho de tener miedo. Muchos estudiantes tenemos miedo a lo que llegaremos a ser en un futuro. ¿Y cómo es eso posible? Vosotros deberíais enseñarnos a afrontar cualquier tipo de situación, incluso aquellas que actualmente aún desconocemos. ¿De qué sirve estudiar las integrales por partes, la alveolar fricativa sonora, Espartero o el Cid, si después no sabemos cómo debemos actuar ante un obstáculo en la vida cotidiana?».

«Por eso es tan importante que nos expliquéis las cosas de manera que realmente las podamos entender, que nos ayudéis a construir nuestro pensamiento crítico y, especialmente, que nos enseñéis a no tener miedo de lo que pueda venir».

«Un compañero de clase nos apuntaba también la idea de aprovechar al máximo las horas de clase. Actualmente, la hora de clase se reduce a explicar la teoría, que la puedes sacar de cualquier rincón de Internet, y después, a la hora de ponerlo en práctica, te lo hacen hacer en casa, y si en casa no lo entiendes, tienes que esperarte al día siguiente a que, con suerte, te lo expliquen. Seguramente, si se hiciera a la inversa se sacaría mucho más provecho».

«Hacen falta más clases competenciales en las que se tengan en cuenta las inteligencias múltiples de los alumnos. Las clases magistrales se tienen que poder reducir e impartirse solo cuando sea necesario. De esta manera, el nivel académico general subiría».

«¿Por qué memorizamos las cosas si ya tenemos toda esa información almacenada en libros o en Internet? ¿De qué sirve demostrar que tienes buena memoria delante de un papel? Debéis enseñarnos a razonar la información y ponernos a prueba de manera competente».

«La mayoría de las veces, los profesores y maestros se angustian por finalizar la lección. El temario manda. El tiempo se os echa encima y no sabéis cómo arreglároslas para acabar de explicar todo lo que os falta. Por tanto, decidís hacerlo con prisas, pero nosotros preferimos ir más despacio y digerirlo bien».

«Por último, querríamos comentar que, a menudo, en las escuelas y los institutos hay una tendencia generalizada a motivar a los alumnos para que cursen estudios superiores. Quizá aún se valora más a una persona que quiere estudiar una carrera que a una que desea cursar formación profesional, y eso no debería ser así. Cada uno de nosotros destaca en unas capacidades, y todas son válidas si se promocionan correctamente».

«Hay algo que debe quedar muy claro. Desde muy pequeños nos tenéis que enseñar a ser libres. A no vivir condicionados por la sociedad. Este es, quizá, uno de los retos más difíciles de resolver, ya que todos nosotros formamos parte de una ciudadanía influenciada. No obstante, debemos ser capaces de dejar decidir. Que cada alumno sea capaz de ser crítico y poner en práctica sus valores ante una decisión de su vida».

«En resumen, la educación debe cambiar. Y no solo deben cambiar, cada tres años, las leyes y la normativa que la regulan. Son necesarios esfuerzos económicos y personales que replanteen nuestro sistema educativo».

«Pensamos que vamos por el buen camino, confiamos en ello, porque es ahora cuando las futuras generaciones tienen que ser capaces de adaptarse a este mundo cambiante y diverso, adaptarse a las exigencias de la vida, a ser personas completas. Y la escuela juega un papel fundamental para que sean los propios alumnos quienes desarrollen las habilidades que les servirán verdaderamente para salir adelante, ya sea con pocos o con muchos estudios. El talento emprendedor también se educa, y es en este sentido que tenemos que trabajar todos juntos».

«Esperamos que, cuando entréis en el aula, cuando os dirijáis a vuestros alumnos, cuando preparéis las materias y los exámenes, penséis en estas ideas que hemos intentado expresar abiertamente».